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Una rehabilitación encarcelada

Símbolo de la represión, la cárcel vieja de Huelva se encierra en el olvido. En la avenida Federico Molina, una de las arterias principales de la capital onubense, el edificio declarado Lugar de la Memoria por la Junta de Andalucía es ahora un lugar para la suciedad, la basura, y algún que otro okupa que encuentra en las antiguas celdas un lugar para cobijarse y malvivir.

Ubicada por entonces en las afueras de Huelva, desde finales de los años 60 del siglo XX y hasta 1978, la dictadura convirtió la antigua Prisión Provincial de Huelva en un centro de internamiento de homosexuales, que eran castigados al amparo de la Ley de Vagos y Maleantes.

La memoria histórica de este lugar invita a la reflexión, en tanto en cuando debe apremiar su rehabilitación. El régimen franquista ordenaría por un decreto del 25 de enero de 1968 el internamiento de este tipo de presos, calificados como “pervertidos sexuales de hábito”. La represión franquista contra la libertad sexual tiene en la Antigua Prisión de Huelva uno de sus mejores exponentes.

El edificio dejó de usarse completamente en 2006, y desde entonces ninguna administración se ha ocupado del mismo. Como ocurre con otros casos con el mismo sino en Huelva (Estación de Sevilla o Cuartel de Santa Fe) son las distintas administraciones y partidos políticos, desde gobierno local al central, quienes desde hace 14 años se tiran la pelota de un tejado a otro mientras el tejado de la cárcel se cae, literalmente, a pedazos.

La hemeroteca de noticias acerca de su rehabilitación da para escribir un libro. Pero fue en octubre de 2019 cuando, Francisco Baluffo, portavoz del equipo de gobierno municipal, anunció que el pleno abordaría la consignación presupuestaria de 1,6 millones de euros para la adquisición del edificio.

Baluffo recordó entonces que el anterior gobierno popular firmó en 2006 un convenio con la Sociedad de Infraestructuras y Equipamientos Penitenciarios para hacerse con la propiedad de la cárcel a cambio de la permuta con otra parcela a las afueras de la ciudad y del pago de 2,2 millones de euros. Sin embargo, “el anterior alcalde incumplió el convenio”, indica, y el Ayuntamiento fue condenado a realizar el pago acordado.

El portavoz del equipo de gobierno resaltó además que esta consignación puede llevarse a afecto gracias a la “refinanciación de la deuda municipal” aprobada en la sesión plenaria del pasado 25 de octubre, que contó con el apoyo de todos los grupos políticos, excepto Ciudadanos.

Un capítulo más, o menos, en una construcción que como otras tantas en Huelva tiene como único inquilino el olvido.

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