La historia de Patricia Ojeda Ramírez con el fútbol empezó mucho antes de que las jugadoras profesionales femeninas del que llaman el ‘deporte rey’ pudieran contar con un digno —y merecido— hueco dentro de él.
Recuerda no perderse ni uno de los partidos de su hermano, que jugaba en el Club Deportivo Ingenio (Las Palmas), a los que asistía junto a su padre, al que considera “el responsable de su vocación por el fútbol”.
En los descansos de los partidos y desde una esquina del Campo de Fútbol Cristóbal Herrera, imitaba lo que veía en el campo sin pasar desapercibida para su progenitor, que decidió apuntarla con solo siete años en el Club Deportivo Ingenio. Empezaba así la trayectoria de Ojeda que, hasta hoy, tiene como objetivo “seguir viviendo del fútbol y abrir caminos a nuevas generaciones”.
A sus 32 años, ha pasado por siete equipos equipos hasta fichar por el CD Sporting de Huelva, equipo onubense que juega en primera división y que se proclamó campeón de la Copa de la Reina en el año 2015.
Además de jugadora, también es preparadora física de su propio equipo y graduada en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. Aunque se siente una privilegiada, recuerda que “hace cuestión de siete años, las jugadoras de equipos femeninos no teníamos fisios para recuperarnos de las lesiones, no teníamos un salario mínimo, ni tampoco referentes. Ahora, hay jugadoras que son ídolos de niñas y niños”.
¿Cómo ha evolucionado el fútbol femenino?He notado un gran cambio durante estos años. Llevo ya seis temporadas en el Sporting y, cuando llegué, no teníamos muchas de las cosas que hoy en día sí que tenemos.
Ahora somos futbolistas profesionales, tenemos un convenio colectivo que regula nuestro trabajo, contamos con unos derechos y unos deberes que están claros y por escrito. Tenemos fisios, nutricionistas, médicos, preparadores físicos y, aunque parezca mentira, hace solo ocho años no teníamos todas esas cosas que son necesarias para poder trabajar al cien por cien.
Antes ni siquiera teníamos un salario mínimo como lo hay en todas las profesiones y si nos lesionábamos, había muchas posibilidades de que se agravara por falta de personal que pudiera atendernos. En el Sporting siempre hemos tenido algún fisio y masajista, pero en los equipos en los que he estado anteriormente no contábamos con los medios suficientes para recuperarte.
¿Cómo se ha logrado ese cambio?
Los equipos fueron creciendo poco a poco y, si no evolucionas con los demás, te quedas estancado. Todo ha empezado a cambiar a raíz de firmar el convenio colectivo (2020) que sentaba bases que nos daban derechos como jugadoras.
Las mujeres no podíamos vivir del fútbol a no ser que jugaras en un equipo muy prestigioso como el Barça o el Real Madrid. Yo he estado jugando en primera división y cobrando 300 euros. Ahora, gracias a nuestro esfuerzo, esa situación ha cambiado.
Teníamos también la misma exigencia que tenemos hoy en día: viajes cada quince días, muchas horas en autobús, dedicarse a entrenar todos los días de todas las semanas, cuidar tu alimentación y a parte de todo eso, compaginarlo con la profesión o estudios que sí que podrían proporcionarte un sueldo para vivir.
Aún así, muchas jugadoras siguen teniendo que buscar un futuro fuera del fútbol, porque nosotras no seguimos cobrando un sueldo —como pasa con los de los equipos masculinos—, cuando nos retiramos, entonces cuando terminas no tienes nada.
¿Cómo se afronta mentalmente una victoria y una derrota?
Depende mucho de la situación anímica de cada persona. Este año hemos estado luchando por la permanencia y es lo más complicado, porque hicimos una primera vuelta muy buena y no dependíamos de los resultados para bajar.
En la segunda vuelta encadenamos una serie de derrotas seguidas y el equipo dio un bajón, porque si juegas cinco partidos y el equipo no gana ninguno afecta a la dinámica y también a la confianza.
Balance de la trayectoria de tu equipo.
El año pasado desde que empecé hemos estado en diferentes situaciones. Por un lado, luchando por el descenso y por otro, también hemos tenido muchos logros: el año pasado quedamos subcampeonas de la Copa de la Reina y también jugamos la Supercopa de España estando entre las cuatro mejores de España. Los momentos en los que se encadenan derrotas son muy estresantes, hay jugadoras a las que les puede cambiar la vida en un segundo como a todo el mundo.
Además de jugadora, eres preparadora física de tu equipo. ¿Cómo lo compaginas?
La preparación física en el equipo es fundamental. Al principio, cuando empecé, era complicado porque no tenía experiencia y me costaba separar mi trabajo como jugadora y compañera con el de preparadora.
A día de hoy, lo llevo bastante bien. Hay que saber gestionar distintas situaciones y eso solo se gana con experiencia. Además, tengo la suerte de contar con gente a mi lado que me ayuda a desempeñar todas esas tareas.
Es una responsabilidad adicional porque quieres que todas las jugadoras estén bien y que el equipo compita físicamente, tienes que ocuparte de eso y de estar bien tú misma anímicamente y físicamente como jugadora, pero también es un privilegio.
¿Se visibiliza el fútbol femenino a día de hoy?
Por suerte, actualmente, tenemos mucha más visibilidad desde los medios de comunicación. Un punto de inflexión fue cuando un medio como DAZN comenzó a televisar los partidos de fútbol femenino y eso ha ayudado a que la gente sepa que estamos aquí, que merece la pena vernos.
Por fin podemos ver jugadoras de fútbol que son ídolos de niñas y niños. Somos afortunadas porque para mi esto era impensable.
¿Te aplaudió la sociedad cuando decidiste dedicarte al fútbol?
Lo que importa es que tu familia y los que te rodean te apoyen. Cuando empecé a jugar a fútbol, me encontré con los típicos comentarios de “marimacho”, “una niña no puede jugar a fútbol”, pero eso no importa si tienes claro lo que quieres. Por suerte, la sociedad está evolucionando y cada vez se abren más puertas para las niñas que quieren dedicarse al fútbol.