El calvario de Susana Díaz

Susana Díaz está realmente preocupada. No acaba de encajar, es decir, asumir la derrota. En los últimos días ha visto un finísimo hilo de luz después de que Rivera haya marcado distancias con Vox (un teatrillo para algunos), pero se teme lo peor.

Y lo peor no es que pierda la Presidencia de la Junta, que tiene visos de hacerse realidad en pocas semanas.

La pérdida del Gobierno andaluz a la hasta ahora todopoderosa federación socialista de Andalucía conllevaría que Ferraz abriese la caja de las hostilidades con la finalidad de desalojar a la todavía presidenta de la Junta también de la Secretaría General de los socialistas andaluces.

En el entorno de Díaz se sabe que Pedro Sánchez está a la espera de acontecimientos, y que no le va a dejar pasar una.

Es más, comienzan a circular determinadas informaciones –a las que, por cierto, observadores socialistas conceden escasa credibilidad- que apuntan que el sanchismo comienza a barajar nombres (Carmen Calvo, María Jesús Montero o Luis Planas) para un posible desembarco en Andalucía.

Y es que, entre los más cercanos a la presidenta, se sabe que solo una repetición de las elecciones podría suponer una esperanza real de seguir en el Gobierno.

Juan Marín ya no es el que era, admitirá Susana Díaz en la intimidad, que incluso ya se ve aguantando cuatro años en la oposición.

¿Quién le iba a decir a Susana que su socio de la anterior legislatura la iba a dejar plantada ahora para irse con el PP Y Vox?, se le ha escuchado decir a uno de los suyos.

Es más, tal y como reconocen algunos de los suyos. “La gente no está por la labor de echarse a la calle para protestar por la llegada de la derecha”, más allá de las escasas protestas celebradas en las últimas semanas, encabezadas en algunos casos por miembros de Juventudes Socialistas.