La manifestación celebrada hoy en Matalascañas ha dejado al descubierto una realidad que va más allá de pancartas y proclamas. Lo que debía ser una jornada de protesta ciudadana ha terminado siendo un acto de teatro político barato, en el que la oposición al gobierno de Almonte —liderada por el PSOE, Mesa de Convergencia y concejales no adscritos— ha cruzado una línea que jamás debió rozar: reclamar la independencia de Matalascañas del municipio al que pertenece. ¿Cómo es posible que concejales de Almonte pidan la ruptura de su propio territorio?
Una manifestación sin raíces ni legitimidad
Lo primero que conviene dejar claro es que nadie discute el derecho a manifestarse, ni siquiera a discrepar. Pero lo que vimos hoy fue otra cosa: fue una manifestación politizada, dirigida y contaminada por partidos que, incapaces de ganar con argumentos, optan por dividir y desgarrar el tejido social de nuestro municipio.
La propuesta, lanzada entre líneas por los partidos de la oposición, de “dar voz” a Matalascañas para que se separe de Almonte es un despropósito político y una irresponsabilidad histórica. Ni responde a la realidad administrativa, ni a la voluntad mayoritaria del pueblo, ni mucho menos a la legalidad. Lo que sí hace es alimentar el conflicto para "rascar votos fáciles" y cosechar aplausos vacíos en redes sociales.
¿Representantes del pueblo o influencers de populismo?
Cuesta creer que concejales elegidos para defender a Almonte entero, estén dispuestos a romperlo desde dentro. Pero así ha quedado claro esta mañana, cuando algunos representantes del PSOE, Mesa y no adscritos decidieron sumarse al clamor populista de la supuesta “liberación” de Matalascañas. No solo abandonan su deber institucional, sino que utilizan a una parte del municipio como ariete contra su propio gobierno, por puro cálculo electoral.
¿Es esto lo que se espera de una oposición seria? ¿Un puñado de “likes” en redes justifican traicionar la unidad territorial de un municipio al que juraron representar? Porque eso es exactamente lo que han hecho: vender a Almonte por una cuota de protagonismo político y una campaña de "postureo digital".
Una zona azul convertida en excusa
Todo este "montaje" tiene un origen: la implantación de la zona azul en Matalascañas. Según fuentes municipales, es un proyecto técnico, estudiado y con previsión de revertir beneficios en mejoras para la propia zona costera. Pero que la oposición, incapaz de contrarrestar con propuestas mejores, ha convertido en la excusa perfecta para "prender fuego" al debate público.
Han preferido "azuzar" el descontento, desinformar a la ciudadanía y alentar la confrontación entre vecinos, en lugar de sentarse a construir soluciones. No les importa Matalascañas, ni su desarrollo, ni su futuro. Solo les importa la foto, el "tuit", el aplauso fácil.
Almonte no se vende
Fuentes municipales afirman que el equipo de gobierno ha actuado con responsabilidad: ha impulsado un proyecto ambicioso de movilidad y ordenación urbana para Matalascañas, basado en estudios técnicos, sin coste directo para el Ayuntamiento y con proyección a largo plazo. ¿Qué ofrece la oposición a cambio? Ruido, enfrentamiento y deslealtad institucional.
Hoy ha quedado más claro que nunca: algunos no quieren gobernar, quieren "likes". No buscan soluciones, buscan titulares. Y mientras tanto, Almonte sufre las consecuencias del populismo de quienes lo usan como plataforma electoral.
Pero este pueblo no es tonto. Almonte sabrá distinguir entre quienes trabajan por todos —por Almonte, El Rocío y Matalascañas— y quienes solo se acuerdan del pueblo cuando hay una cámara o una pancarta delante.