Goliat contra David: El MITECO frente a Almonte

 Porque en Almonte muchos empiezan a preguntarse por qué aquello que se presenta como imposible es, en realidad, técnicamente factible y ambientalmente imprescindible. Y por qué, pese a serlo, nadie en el “gigante” estatal parece dispuesto a impulsarlo.
La fachada de la iglesia de Almonte desde el balcón del Ayuntamiento
photo_camera La fachada de la iglesia de Almonte desde el balcón del Ayuntamiento

En Almonte empieza a calar una sensación que ya pocos disimulan: el principal municipio de Doñana está siendo tratado como si fuera un "estorbo". Los agravios se acumulan y el enfrentamiento entre el MITECO y el Ayuntamiento ha pasado de ser un choque institucional a convertirse en un pulso político de primera magnitud.

 Quienes conocen al alcalde de Almonte, Francisco Bella, saben que no es hombre de silencios. Habla claro, directo, sin rodeos. Y esa franqueza —celebrada por muchos vecinos— parece haber incomodado profundamente a Hugo Morán, secretario de Estado, cuya relación con el Ayuntamiento se ha tensado hasta límites inéditos.

 El ejemplo más visible fue la pérdida de 20 millones de euros en un reparto que muchos consideran caprichoso y políticamente orientado. Una decisión que dejó a Almonte fuera mientras se beneficiaba a gobiernos afines al PSOE. Un golpe que en el municipio aún se recuerda como uno de los mayores agravios recientes. Pero no fue el único.

 El retraso acumulado de 20 años en la depuradora de Matalascañas ha tenido consecuencias ambientales y económicas. Dos décadas de promesas que nunca llegaron a ejecutarse y que hoy lastran a un núcleo que vive del turismo y del mantenimiento de su calidad ambiental.

 Tampoco han llegado los esperados caudales de agua superficial para los campos almonteños.

El agua, literalmente, se perdió por el camino. Ni una gota alcanzó las tierras que más la necesitaban.

 A esto se suma otro retraso: siete años esperando el aporte de arena para la playa de Matalascañas, sin que nadie aporte explicaciones convincentes. Cuando gobernaban PSOE, PP y Mesa, esas reparaciones del litoral eran automáticas. Hoy, ni están ni se las espera.

Mientras tanto, el paseo marítimo vuelve a romperse tras cada temporal y permanece sin reparar.

Los vecinos hablan de una desidia incomprensible hacia el destino turístico que más riqueza genera en el entorno de Doñana.

En este clima, el alcalde de Almonte ha expresado públicamente su pesar por la deriva del PSOE, un partido que —según afirma— ha dejado de actuar con la corrección institucional que se le presume a una fuerza de Estado. “Se están aplicando distintas varas de medir”, lamenta.

Y ahí nace la metáfora que corre de boca en boca en el municipio: Goliat contra David.

 El “gigante”, con todos los resortes del poder estatal, apuntando contra un Ayuntamiento gobernado por Ilusiona, un partido local que ha logrado un apoyo social que incomoda a muchos.

Y más aún desde que la popularidad del primer edil no deja de crecer.

 En esa estrategia de presión, el gigante ha dado un paso más: denunciar al alcalde en los tribunales, una acción que en Almonte se percibe como un intento de acabar con su liderazgo mediante acusaciones sin fundamento.

“El PSOE se ha echado al monte”, dicen algunos vecinos con ironía amarga. Mientras tanto, la realidad es evidente:

 Almonte sigue esperando inversiones esenciales, proyectos largamente comprometidos y un trato institucional equilibrado.

Y entre tanto, el pueblo —cada vez más unido— observa el pulso con una convicción que ya nadie discute: "les duele que Almonte quiera a Ilusiona, que Almonte quiera a Paco Bella", dicen algunos.

En medio de este pulso desigual, Ilusiona no solo señala los problemas: plantea soluciones integrales, técnicas y viables, que nadie en las altas instancias parece querer escuchar. Porque si de verdad se trata de ahorrar agua, de evitar daños ambientales y de demostrar a Europa que la convivencia entre la protección de Doñana y la vida en Matalascañas es posible, entonces hay que abordar lo esencial y dejar de esconder la “china del zapato” bajo la alfombra.

Ilusiona lo ha dicho sin rodeos: la clave está en modernizar por completo el sistema hídrico del municipio. Sustituir todas las tuberías de abastecimiento de Matalascañas, El Rocío y Almonte permitiría ahorrar cerca de dos hectómetros cúbicos al año, un volumen que hoy se pierde por unas conducciones obsoletas que nadie ha querido renovar.

A ello se suma la necesidad urgente de una nueva depuradora para Matalascañas, una infraestructura que lleva décadas anunciándose y que permitiría cerrar por fin una herida ambiental que no deja de sangrar.

Pero la propuesta va más lejos: crear una factoría de aguas regeneradas en las tres EDAR. Una solución que permitiría disponer de agua para la agricultura y para la recarga del acuífero, liberando cuatro o cinco hectómetros cúbicos adicionales de presión sobre las masas subterráneas.

En total, un ahorro que supera con creces los seis hectómetros cúbicos, una cifra que cambiaría por completo el mapa hídrico de Doñana y demostraría que el equilibrio entre medio ambiente y desarrollo no es una quimera, sino una cuestión de voluntad política.

 Sin embargo, nada de esto aparece contemplado en el marco de actuación de Doñana. Nunca lo estuvo. Y esa ausencia desconcierta a la sociedad almonteña, que observa incrédula cómo se ignoran soluciones definitivas mientras se impone un relato culpabilizador sobre Matalascañas. También ha sorprendido a expertos que, desde distintos ámbitos, se han mostrado perplejos ante la ausencia de propuestas serias que afronten el problema de raíz.

 Porque en Almonte muchos empiezan a preguntarse por qué aquello que se presenta como imposible es, en realidad, técnicamente factible y ambientalmente imprescindible. Y por qué, pese a serlo, nadie en el “gigante” estatal parece dispuesto a impulsarlo.

 Este es el fondo del conflicto: mientras unos bloquean, otros proponen; mientras unos señalan al municipio, otros intentan aportar soluciones estructurales y demostrables. Y esa diferencia, cada día más visible, es la que alimenta la convicción creciente de que no se está tratando a Almonte con la justicia y el equilibrio institucional que merece.