David contra Goliat en Matalascañas: cuando un ayuntamiento vence al Estado

No fue un pulso político. No fue una estrategia partidista. Fue una necesidad urgente.
Así quedó el paseo marítimo de Matalascañas tras los temporales
photo_camera Paseo marítimo de Matalascañas

El paseo marítimo de Matalascañas, destrozado por los temporales, no podía esperar más excusas, más informes ni más ruedas de prensa vacías. Mientras el mar avanzaba y el daño era visible, el Gobierno de España optó por otra cosa: buscar culpables en el pasado, señalar a quienes planificaron la urbanización hace setenta años y mezclarlo todo con el cambio climático… como si eso, por sí solo, reparara un solo metro de paseo.

La respuesta institucional fue, sencillamente, marear la perdiz. Declaraciones agresivas. Tonos descalificatorios. Balones fuera.

Desde el secretario de Estado hasta la vicepresidenta primera del Gobierno, pasando por el delegado del Gobierno en Andalucía, la subdelegada y la portavoz del Parlamento andaluz, el mensaje fue el mismo: el problema no era de ahora, no era suyo, no era urgente. Un catálogo de excusas impropio de un Estado ante una emergencia real.

Y mientras tanto, un alcalde.

Paco Bella, alcalde de Almonte por Ilusiona, no se sumó al coro del reproche ni esperó los eternos “planes disuasorios” del Gobierno central. Hizo lo que hacen los alcaldes cuando de verdad lo son: buscar soluciones, defender a su pueblo y asumir el desgaste.

Ahí comenzó la batalla. Un ayuntamiento frente al Estado. Un David frente al mayor de los Goliat.

Tres mil años después del relato bíblico, la historia volvió a repetirse. No con una honda, sino con perseverancia, sentido común y una legitimidad que no se aprende en los despachos: la que da responder ante tus vecinos.

Lo ocurrido en Matalascañas deja un retrato demoledor del Gobierno de España: fracaso institucional, falta de respeto a un municipio, insensibilidad ante una urgencia evidente.

No es solo una cuestión de competencias; es una cuestión de actitud. Cuando un alcalde tiene que suplir la inacción del Estado, algo muy profundo está fallando.

Paco Bella, jubilado, antiguo militante del PSOE y hoy alcalde independiente, ha demostrado algo incómodo para muchos: que hacer política como defensa directa de los ciudadanos no solo es posible, sino necesaria. Sin consignas, sin parapetos ideológicos, sin miedo al poder.

Él mismo lo ha resumido con una frase que explica mejor que cualquier discurso esta batalla desigual: “Lo único que me conforta es el cariño y el aprecio de mis vecinos, y por eso trabajo siempre.”

En tiempos de política hueca y responsabilidades diluidas, Matalascañas deja una lección incómoda: cuando las instituciones superiores fallan, la dignidad puede venir de abajo.

Y esta vez, David no solo resistió. Ganó.