El niño se va a caer

Hay un niño que se entretiene en lo alto de una silla. Es pequeño, pero se le advierte una y otra vez que se esté quieto, pues de seguir moviéndose, se va a caer y hacer daño. Por costumbre, tozudez y diversión, hace caso omiso.

Y se cae, claro. Si tiene suerte se hará sólo un hematoma, pero puede que se rompa un brazo e, incluso, existe la posibilidad de que se haga un daño severo en la cabeza de consecuencias graves.

Pues ahí tenemos al niño y a los demás viéndolo venir entre resignados y fatalistas, o quizá quitándole importancia al golpetazo infantil.

Hoy he sentido que el niño representa a mucha gente que va a celebrar la Navidad como siempre, aunque entienden que mueren a diario en España, en los últimos meses, entre doscientas y quinientas personas por la enfermedad contagiosa del coronavirus.

Otros, asistimos apesadumbrados, sabiendo lo que todos conocemos, y es que de estos encuentros familiares van a venir demasiadas lamentaciones, y lo macabro es que ya nadie podrá inventarse que no sabía a qué se arriesgaba con jolgorios familiares y de amigos: el ingreso hospitalario o el fallecimiento de la madre, el padre, un hermano con patologías previas...

El miedo a no hacer lo de siempre, a no perder la tradición, la puñetera tradición, va a conseguir lo que ya conocemos y padeceremos: el niño se va a caer.

(Firma: Fátima Javier)