La vida duele

(Silverio Victoria) Se celebra hoy el día del dolor por antonomasia. Soy consciente de que hay muchas patologías que cursan con dolor, pero la enfermedad que nos ocupa se caracteriza, amén de por otras razones, por el dolor que invade, literalmente, a quién lo padece.

Esta jornada se recuerda que hay pacientes que sufren por este problema y se dice que hoy es su día. Hoy el dolor sale a la palestra, una vez al año, y se habla de ello abiertamente. Pero estos pacientes conviven con ello cada segundo, cada minuto, hora, día y mes de cada año. Así que mañana, cuando el "fibrodia" acabe, todo quedará atrás para aquellos que no conviven con este daño físico/orgánico (que no psicológico) a diario.

Mañana, cuando el 12 de mayo acabe, estos pacientes seguirán con su dolor intenso, con su malestar generalizado, con su angustia, con su eterno "¿porqué yo?", con la dañina incomprensión de quienes no lo padecen y con la tremenda carga de convivir, en la vigilia y en el sueño, con el dolor como pesada carga de viaje.

Pero también vuelven a su lucha, a su incomparable energía para continuar a pesar de todo, a la sonrisa que supone haber superado un día más, a la alegría que da haber abierto un bote de refresco, a la sorpresa por haber podido descansar, a la ilusión por haber logrado dolerle al dolor y a la esperanza que da no estar cansado aunque el agotamiento haga mella, aunque los músculos no respondan o a pesar de que las numerosas contracturas inviten a acostarse y no levantarse en 20 días.

Mañana, 13 de mayo, volverán los abrazos doloridos, los paseos imposibles, las duchas eternas, las jornadas devastadoras, la energía inexistente y el descanso irreal.

Y será así porque, además, ya mañana nadie se acordará de que hay gente a la que le duele vivir, que hay gente que se levanta de la cama más agotado de lo que se acostó, que existen personas doloridas a las que se llama "floja o quejica" de forma tremendamente injusta y que hay quienes se cambiarían por usted y por mí solo un día, solo uno, para estar una jornada entera sin tener el dolor como enemigo a batir.

Yo mañana, aunque el país celebre otro día, seguiré pensando en ello y admirando a quienes siguen su día sin alzar la voz y sin llanto, aunque tengan infinitos motivos para hacerlo.

Hoy mi texto va por ellos. Y mañana y pasado, porque no me duele hacerlo, porque los dedos no me matan al escribir y porque se lo merecen.

Hoy, también yo, soy un paciente de fibromialgia y, aunque no la padezco, sí la sufro. Así es, se lo aseguro, porque soy muy consciente de lo que digo, aunque me duela".