Dicen algunos cronistas de la cosa política que Sánchez está más cerca de dimitir que de seguir. Otros aseguran, incluso, que en el PSOE no existe unanimidad para que el presidente no tire la toalla y, aunque no lo dirán en público, piensan que ya está acabado.
No tengo bola de cristal alguna y no se lo que anunciará en menos de 24 horas y lo que hasta este momento sigo pensando es que su retirada se trata en realidad de una maniobra, a las puertas de unas elecciones catalanas y otras europeas, para victimizarse y con ello movilizar al electorado del PSOE.
Si Sánchez cree realmente que se siente acosado por la derecha mediática, judicial y política debe acudir a un juzgado. Y denunciar con nombres y apellidos y con hechos quienes estarían detrás de esa supuesta campaña.
Y si tan tranquilo está de que su mujer no tiene nada que esconder, y si tanto cree en la Justicia como dijo el mismo día en que por la tarde anunció que se marchaba a reflexionar, lo que tiene que hacer es esperar a que el juzgado se pronuncie.
Ejercer de presidente del Gobierno es algo más que ser jefe de un partido y mucho más que hacerse un montón de fotos y coger el Falcon cada vez que se le tercie.
Habla de acoso y lo que demuestra en realidad es tener la piel muy fina. Y si no que recuerde el calvario por el que pasaron antecesores suyos, Suárez y Felipe, por poner solo dos ejemplos. Y a ninguno se les ocurrió montar un espectáculo tan bochornoso como el de Sánchez. Es decir, lo gestionaron de una forma bastante más digna, que el actual inquilino de Moncloa.
A algunos se les llena la boca con la palabra democracia y piden que a la familia de un político no se le toque y se olvidan de que, precisamente, un sistema como el actual permite fiscalizar al poder y a su entorno.
Y eso es lo que se está haciendo con la mujer del presidente, a la que se investiga por tráfico de influencias. Habrá incurrido en prácticas delictivas o no, eso lo dirá un juez, pero lo que huele mal, y nadie ha desmentido hasta ahora, es su actitud: firmar cartas de recomendación para que una empresa sea subvencionada en un consejo de ministros que, no olvidemos, preside su propio marido.
No se si Sánchez habrá decidido a estas alturas si sigue o si no, él sabrá, pero muchos comienzan a verle a María Jesús Montero, vicepresidenta del Ejecutivo y vicesecretaria general del PSOE, cara de sucesora.