¿Por qué hay que apoyar a los tractoristas?

Imagen de archivo
photo_camera Imagen de archivo de las manifestaciones

Demasiado han tardado. Desde hace décadas, el mundo del agro vive el asalto de unas élites burocráticas presuntamente ilustradas que, en realidad, no tienen ni idea de en qué consiste la vida en el campo. 

No sólo en España, sino en Bruselas, en el seno mismo de la Unión Europea, percibida por cada vez más sectores como una estructura hostil, deshumanizada y poblada por sinestros comisarios de toda laya.

Lo que subyace bajo el conflicto de los agricultores con el Gobierno (que se extiende en otros países como la pólvora) reside en la espiral inflacionaria atizada por una ciega y torpe normativa medioambiental que encarece el precio de los productos agrícolas. A la par que no se hace nada con la competencia desleal de los productos agrícolas de países terceros, que burlan descaradamente las normativas de sostenibilidad europea, y a la cabeza de los cuales se sitúa Marruecos. Todo esto tiene una consecuencia clara: tu cesta de la compra sale más cara. 

Este tipo de políticas, dentro de la nueva visión imperante de las teorías del decrecimiento, imponen una reducción del consumo y del nivel de vida de las personas en aras de la sostenibilidad. La cara más perversa del asunto es que ello pasa por condenar al hambre y a la precariedad a miles de familias que viven del sector primario. Una parte de la población prescindible para los técnicos prestidigitadores que ahora se encargan de planificar la vida de sociedades enteras.

Pero hay más: se trata este -el agro- de un sector injustamente vilipendiado, despreciado de forma despótica por quienes se creen mejor que otros. Sin cabida dentro de la agenda política, lo que ahonda en la sensación de ignorancia y de marginación que toda esta gente sufre. En cualquier caso, hay algo muy claro: el triunfo del paro de los agricultores es el triunfo del consumidor cotidiano y del ciudadano de a pie. La definitiva implementación de la normativa europea y nacional en el sentido en el que se pretende nos condenará a todos a pagar precios muy elevados por productos de primera necesidad. Para las economías domésticas que viven asfixiadas para llegar a fin de mes, será la estocada final.

Da igual que uno tenga que tragarse alguna que otra retención en la carretera. Ahora mismo, prestar nuestro apoyo a los tractoristas es una obligación como ciudadanos.