(Texto: Isabel María González Muñoz)
Impertérrita. Como todos los días, desde febrero de 2020, la voz de la presentadora del telediario enunció: “El ministerio de Sanidad informó de los últimos datos de corona virus en España. El COVID 19 ha dejado ya 79.905
muertos. En el día de ayer se registraron tres fallecidos”. Los datos cambian cuando les pones nombres y apellidos y rostros y risas y sueños a aquellos que han partido. El día 30 de mayo, festividad d la Santísima Trinidad, uno de los que partieron fue el Excmo. Sr. D. José Lara y Rodríguez Barbero. Pepe Lara para los amigos.
Detrás de su nombre hay un abuelo cariñoso, un padre ejemplar, un marido amigo, hermano, amante y admirador absoluto de su mujer, Carmen Hernández-Pinzón Moreno, la sobrina nieta de Juan Ramón y Zenobia.
Detrás de su nombre hay un auténtico filántropo. Un hombre que ha sabido posicionarse a la sombra de su suegro, Francisco Hernández-Pinzón Jiménez y de su mujer, durante muchos años la representante de la Comunidad de
Herederos del poeta, para trabajar altruistamente, durante más de cincuenta años, en la difusión de la inmensa obra literaria del Premio Nobel moguereño, el andaluz universal.
Detrás de su nombre hay un gran amigo, un hombre detallista que sabía escuchara todos, sin importarle sus señas de identidad, y darles su sitio.
Detrás de su nombre hay una persona cultísima, de charla amena y un alma generosa.
Detrás de su nombre hay un gran embajador de todo juanramoniano que pasaba por su casa, a los que atendía sacando sus mejores viandas y vinos, gran entendido en los caldos españoles.
Detrás de su nombre hay un universo de recuerdos y vivencias y anécdotas compartidas con él desde que nos presentara en abril de 2006 nuestro común amigo Ángel Aguirre, en nuestro Moguer amado.
Podría enumerar muchas de esas experiencias compartidas. Pero me quedo con dos que hablan de la personalidad excepcional que lo envolvía. En uno de nuestros encuentros, le comenté, de pasada, que me encantaría conocer la Residencia de Estudiantes. En cuanto llegué a Madrid aquellas navidades para enfrascarme en la investigación, me tenía concertado un almuerzo de amistad entre sus muros y con él recorrí, por primera vez, la Alameda de los Chopos…. En 2008, no dudó en venir expresamente con su mujer a rendir homenaje a mis alumnos de secundaria del IES Los Álamos de Bormujos que se habían dedicado durante un curso escolar a preparar una gala literaria dedicada a Juan Ramón y Zenobia. Ellos, trataron a esos chicos con la misma deferencia con la que tratan a los grandes investigadores juanramonianos.
Pepe, hoy te lloramos todos. Y le damos gracias a Dios por haberte puesto en nuestras vidas. Te habrán recibido con los brazos abiertos tus tíos Juan Ramón y Zenobia, tu suegro Paco y todos los que te quisieron aquí en la Tierra. De la mima mamera que se quedaron con los brazos cerrados, arropando tus últimas caricias, tus niñas María, Zenobia y Carmen, al igual que tu mujer. Gracias por tu amistad. Y tú te irás, y “se quedarán los pájaros cantando” pero la esencia de lo que tú eres, permanecerá en la luz de cada amanecer.