75 años y 400 kms en bici a la semana: el increíble caso del “Bocina”, el onubense que lleva toda una vida sobre ruedas

El Bocina
photo_camera Ernesto Bayo, "El Bocina"

Se llama Ernesto Bayo, pero todo el mundo lo conoce en Huelva como el “Bocina”; una que colocó hace 30 años en su bicicleta para emprender la ruta más transformadora de su vida.

Abanderado del ciclismo onubense, este querido veterano goza del respeto de todos los ciclistas y aficionados a las dos ruedas; no solo por fomentar la práctica de este deporte, sino por poner en el mapa de la provincia cientos de rutas y caminos que él mismo ha descubierto en sus mil y una aventuras.

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Llueva, truene o haga un frío que pela, Ernesto “El bocina” se despierta cada día a las 5 de la mañana, se coloca la equipación, desayuna “un colacao, un zumo y un bizcocho” y sale de su casa -sin móvil- listo para recorrer más de 50 kilómetros por los paisajes naturales que brinda la provincia: “Mi mujer me dice que estoy un poco loco, pero si no lo estuviera no saldría a ningún lado”.

Así, con una bici que tiene ya veintitantos años ha recorrido toda Huelva: “Esa ha hecho miles y miles de kilómetros, es una joya”. Y, añade: “Hoy me he hecho 62”.

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Lo hace por puro placer. Su afición por el ciclismo comenzaría hace treinta años, cuando daba “paseítos por ahí” con la bicicleta de la que se había aburrido su hija mayor, y que él mismo había accesorizado con una bocina con la que saludada a sus conocidos por la calle.

Poco más tarde llegaría su incursión en los cicloturismos y la competición en maratones, convirtiéndose en campeón provincial en su categoría “con una bici de 300 euros”.

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La Huelva Extrema fue una de sus hazañas deportivas más reseñables; aunque reconoce que nunca ha sido competitivo: “En la extrema estaba todo el mundo metido en el cajón, y yo me estaba comiendo un bocadillo de tortilla a las 8 de la mañana”, nos dice riendo. “Yo iba siempre disfrutando... Nunca he querido estar arriba”.

Otro de sus récords fue recorrer los 340 kms de la Costa Algarvía, desde el Cabo de San Vicente hasta Huelva en tan solo 2 días con unos amigos de Gibraléon.

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La mujer de Ernesto, Trini, sujetando una fotografía

Y en todo este camino, su mujer Trini lo ha apoyado: “Si está encerrado en casa está amargado, si está en la bicicleta es el hombre más feliz del mundo”. Se queda callada y, acto seguido, añade una frase que resume todo su carácter: “Él se apunta a un bombardeo”.

Un local lleno de recuerdos

En un local cercano a su casa -y donde curiosamente nació- guarda toda su vida. Aquí colecciona desde artículos de ciclismo y caza, hasta fotografías y objetos de lo más peculiares: “Me gustaba irme al Espigón y buscaba chasca, cosas raras que me iba encontrando”.

Uno de los elementos más especiales que guarda es la bocina original, con la que le apodaron unos amigos de Paterna por su hábito de saludar con ella: “Yo sin bocina no soy nadie”, concede.

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Además, ocupan un lugar especial sus famosas tablillas, con las que ha ido señalizando rutas ciclistas en toda la provincia de Huelva: “Yo iba en la bici y redescubría caminos tan bonitos que me dije, les voy a poner nombres”.

Así, ha bautizado un túnel como el tronchacuernos “porque es muy bajo y se da uno con la cabeza”, otro el de los miura, y otro como el puente de los Talegazos… Además, les pone nombres en honor a sus colegas ciclistas.

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Sus tablillas han llegado también hasta Australia: “un amigo me pidió que preparara unas cartelitos para ponerlos en una ruta de dos meses que iba a hacer en bicicleta”.

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Este local también alberga cientos de fotografías y momentos de felicidad que le ha brindado el ciclismo; aún recuerda cómo trajo a su local a unos chavales ciclistas de Murcia, y les puso de comer “papas fritas con huevo”. Como agradecimiento, le escribieron una nota dedicada: “me llegó al corazón, es un detalle muy bonito”.

Genio y figura

Al “Bocina” lo reconocen hasta de espaldas. Su mujer, que está a nuestro lado, lo confirma: “Cuando vamos a andar los domingos, tengo que dejarlo solo porque se para con todos los ciclistas”.

Y es que el ciclismo onubense le debe mucho a este entrañable deportista que ha dedicado su vida a las dos ruedas con el único objetivo de pasarlo bien: “Yo me acoplo a cualquier grupo, para comer, para beber y para todo”.

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Gracias sus valores humanos y carisma, ha sido homenajeado en múltiples ocasiones con Paseos-Homenaje en su honor, con galardones por su apoyo al ciclismo otorgado por la Federación Andaluza de Ciclismo, y también ha sido distinguido como Onubense del año por el Huelva Información.

Pero el mejor premio ha sido, sin duda, las amistades que ha cosechado en toda su andadura: “Tengo amigos por todos lados”. El ciclismo le ha dado la vida: “Tengo una historia que yo mismo no sé cómo he llegado a todo esto”.

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Para cerrar la entrevista, le preguntamos qué sueño le queda por cumplir, intuyendo la respuesta. Él, lo tiene claro: poder seguir montándose en la bicicleta el tiempo que le queda.