Balú es un golden retriever que llegó a la vida de Raúl Tristancho (Huelva, 41) hace más de cinco años para cambiarla por completo. El mismo día que Balú aterrizó en su nuevo hogar, comenzaron a grabar contenido que ha cautivado a más de 300.000 seguidores que dedican parte de su tiempo a ver cómo Balú hace de las suyas.
Cuenta con un séquito de fans en prácticamente todo el mundo —desde Canadá hasta Colombia— e incluso algunos onubenses lo reconocen por la calle mientras realiza su rutinario paseo por la capital. Asimismo, ha conseguido posicionarse en el Top 3 de influencers de Huelva y asiste a eventos como imagen de marca.
Aunque Raúl reconoce que lo hacen por pura diversión, la cuenta tiene un trasfondo que va más allá de echarse unas risas con las estudiadas poses de Balú. “Principalmente, somos una cuenta que nos dedicamos a hacer vídeos para que la gente se divierta, para que la gente sonría. Hay días que te levantas hecho una porquería y agradeces que alguien te alegre. Para mí, poder llegar a las personas de esa manera es maravilloso”.
Sus vídeos han llegado también a los lugares en los que más se necesita un poco de desconexión, risas y un amigo incondicional. “Nos contactan personas que están hospitalizadas. Nos escribió un joven que estaba enfermo de cáncer desde Colombia dándonos las gracias por nuestro contenido. La gente nos dice que gracias a nuestros vídeos se pasan más rápidos los días”.
Balú no es solo una cara bonita. Con sus vídeos, que siempre surgen de la incansable imaginación de su dueño, colabora con distintos refugios onubenses de animales. Desde que Raúl empezó a monetizar el contenido en TikTok, destina todo el dinero a protectoras con el fin de mejorar la vida de otros perros que no han corrido la misma suerte que el suyo.
Así, cuenta que hace poco estuvo en un colegio de Lucena con su amigo peludo visitando a los niños y niñas. “Cuando salimos por la puerta, había varios perros abandonados. Entre ellos, vi una galga esquelética llorando y lamiendo el agua del césped para poder beber algo. Son perros destinados a la caza que, después de ser explotados, son abandonados a su suerte y en el peor de los casos, ahorcados. Rápidamente, la traje a Huelva para que se encargaran de ella en el centro veterinario que colabora con la protectora Puntanimals”.
“Me sentí fatal, porque de puertas para adentro del colegio todo el mundo le daba cariño a Balú y a pocos metros había varios perros en los huesos y comidos de insectos a los que nadie les hacía caso”.
La llegada de Balú ocurrió en un momento clave para la vida de su humano. “Me encontraba en un mal momento personal. Como soy muy impulsivo, lo vi en una publicación de una web de anuncios. Pensaba que era un criadero y cuando llegué resulta que era una tienda de animales con muchos perros metidos en jaulas. Lo sacaron de dentro del local y cuando lo pusieron en el suelo, siendo prácticamente un cachorro, casi no se podía mover del miedo”. Reconoce que primero pensó que no participaría en eso, pero no pudo evitar volver a entrar en el establecimiento para llevarse al que sería su nuevo mejor amigo.
Casi seis años más tarde, ambos han conseguido visibilizar su provincia en toda España —apareciendo en canales de televisión nacionales como Antena 3 — e incluso por el mundo, llevando a gala que el perro más famoso de Andalucía es de Huelva.