Huelva buscaba un torero. Y lo encontró. Desde aquella tarde de agosto de 2016 en las tierras más antiguas de Occidente, David prometió amor eterno al mundo del toro para cumplir su sueño. Un sueño que, después de ocho años —y ocho temporadas— continúa con más vigencia que nunca.
Un niño que nace, se cría y vive en las tierras llanas de la campiña onubense. En un pueblo que dibuja pequeñas colinas entre el Tinto y el Odiel: el viejo tartésico Conistorsis. Allá donde los sentimientos afloran de una forma muy especial en el mes de enero. Un lugar donde la humildad, la paciencia, la modestia, la prudencia y la hospitalidad son llevadas por bandera —quizás podamos deducir de dónde le vienen ciertas cualidades al diestro—. Un pueblo que habla a través de su pasado prehistórico, jesuita y carmelita, y que sabe a hornazo, a torta de almendra, a habas enzapatás y a tostá. ¿Qué puede salir mal de ahí?
Desde hace 8 años, Trigueros está acompañando a vivir el sueño de un niño que soñaba con ser torero, siendo partícipe de cada paso que va conformando su carrera. Caer al suelo en Toro para tocar el cielo en Madrid. Y, a partir de ahí, con meritorias tardes y temporadas que se han ido sucediendo. A paso firme y con la mirada en seguir creciendo, mejorando y madurando. A David nadie le ha regalado nada. Hoy concede una entrevista a Huelva Hoy para analizar y hacer balance de la que, probablemente, haya sido su mejor temporada. Desde la cercanía tan característica del matador onubense, en uno de los escenarios más importantes y especiales de su carrera; la Plaza de Toros de La Merced.
Pregunta (P): En primer lugar, ¿qué tal estás, David? ¿Cómo te encuentras?
Respuesta (R): Bien. La verdad es que ahora… Iba a decir descansando, pero la realidad es que tampoco paro. Disfrutando de haber terminado la temporada. Una temporada que ha sido muy importante para mí.
P: La semana pasada cerraste la temporada en Niebla, ¿qué balance haces de esta temporada?
R: Ha sido una temporada donde quizás se me haya podido ver más redondo. Se ha visto, quizás, esa madurez, ese trabajo, el paso de los años… Es importante el paso del tiempo para los toreros para ir evolucionando. Yo creo que ha sido una temporada que se ha podido ver esa evolución en muchas tardes. Como hemos hablado antes, uno quiere estar en más ferias, pero creo que se han dado toques de atención muy importantes en las que hemos estado, y estoy muy contento.
P: ¿Está David de Miranda en uno de sus mejores momentos?
R: Podría ser. Es verdad que la temporada de 2019 también fue muy importante para mí con la Puerta Grande de Madrid, toreamos 24 corridas de toros. Pero este año quizás se me haya podido ver más maduro, más redondo, con más regularidad en los triunfos… Al final es lo que uno busca; ir evolucionando cada temporada.
P: Durante la temporada has tenido grandes tardes de triunfo, ¿cuál destacarías?
R: Por especial me quedaría con la de Huelva, con los seis toros. Importante quizás sea Sevilla, por la importancia de la propia plaza, por las embestidas de ese toro que me permitió torear como uno siente y como uno busca, toreando de salón. Que se juntase todo en Sevilla la verdad es que fue muy importante. Pero especial la que pude disfrutar aquí en Huelva por todo lo que rodeó la tarde, por cómo se desenvolvió todo. Hubo momentos en los que, ni en mis mejores sueños, pensaba que se podían rodear las cosas de esa manera para que saliese así.
P: Hablando de Sevilla; debutas rozando el indulto de un toro, pones en pie a La Maestranza, sales a hombros… ¿Es el debut soñado?
R: Sí. La pena es que por poco no abrí la Puerta del Príncipe, que es lo que uno persigue cuando va a Sevilla. Si llega a haberse echado el primer toro, creo que le podría haber cortado una oreja y, con las dos del segundo, la verdad es que sí hubiese sido un sueño literalmente. Pero, como bien dices, fue una tarde también soñada porque es muy difícil que junten tantas cosas. Que te embista un toro, torearlo —creo que, por momentos, lo toreé como lo sentí—. La verdad es que me queda mucho por mejorar y evolucionar artísticamente como torero, pero pude disfrutar y sacar una versión de mí que, quizás, no haya salido nunca a la plaza hasta entonces.
P: En esta temporada también has indultado a los dos primeros toros de tu carrera, ¿es una muestra del despegue total de David?
R: Es una sensación difícil de definir, por lo que sientes en ese momento, la verdad es que es muy bonito. Soy de la opinión de que, para que los toros sean indultados, se lo tienen que ganar de verdad. Y ese toro (Barba Verde en Huelva) lo merecía de verdad. Cuando se reúnen esas cosas no te cambias por nadie. Que se produjera aquí, en un marco como Huelva, en una encerrona con los seis toros, es una tarde que iba a cambiar la historia taurina de Huelva. Que surgiera todo aquí de esa forma fue uno de los mejores momentos que no olvidaré, ya no solo en mi carrera, sino en toda mi vida.
P: ¿Eres consciente de que eres merecedor de estar en las grandes ferias en la próxima temporada?
R: Al final es para lo que uno se prepara. Cuando decide ser torero sueña con estar en todas las ferias. Creo que me queda mucho por hacer en el mundo del toro, pero también creo que sí que he hecho cosas importantes merecedoras de estar en las ferias. Lógicamente no es fácil. Hoy en día hay muchos toreros, todos merecedores de estar, pero creo que yo también soy uno de ellos. Ha pasado mi octava temporada, la que viene será la novena… Soy un torero joven, pero también llevo varios años de profesión y mi nombre ha sonado —algunas temporadas más y otras menos—. Ojalá y Dios quiera que esta temporada me haya servido para estar en las grandes ferias. Porque, como te he dicho al principio, cuando uno empieza es lo que sueña alcanzar.
P: Esta es tu segunda temporada con José Luis Pereda como apoderado, ¿cómo trabajáis? ¿Os sentís satisfechos por el trabajo que habéis realizado conjuntamente?
R: Sí, satisfecho con las dos temporadas. No era fácil; veníamos del parón de la pandemia, todo se frenó mucho. El año pasado toreamos 16 corridas, este año 15 y algunos festivales. Pero, sobre todo, estando en ferias. La inclusión de este año en Sevilla no era fácil y José Luis ha hecho una labor y un trabajo impecable para estar en Sevilla, Málaga, Dax, Bayona, Burgos, Madrid en los dos años… Creo que no es fácil, y sumar festejos hoy en día es muy complicado. Bastante contento y satisfecho. Por supuesto, uno siempre tiene la ambición de mucho más. Pero, en las circunstancias que estamos, no es fácil. Me ha dado pena que acabara la temporada porque tenía ganas de seguir, me encontraba a gusto. Gracias a Dios, los toros también me han respetado —que también es importante—. Pero como hablábamos, de la madurez, de la rotundidad, de la regularidad en el triunfo… También tiene un trabajo detrás. No es casualidad. Han sido dos años de mucha preparación en el campo. José Luis ha puesto a mi disposición toda su ganadería y eso se nota. Ojalá seguir en esa línea ascendente y la temporada que viene se me pueda ver en este mismo camino, incluso con más evolución.
P: José Luis dijo en Niebla que eras un torero que estaba “cuajado”. ¿Cómo te ves a ti mismo? ¿Estás de acuerdo con lo que dijo?
R: No. Soy muy exigente conmigo mismo. Ha pasado una semana de lo de Niebla y no he visto la corrida porque sé que, cuando la vea, me voy a sacar muchos defectos. Aunque no me gusta, es lo necesario y lo positivo para evolucionar. Si es cierto que se me ha podido ver evolución, madurez… Pero en mi interior sé que puedo estar mejor, más redondo, y eso es lo que me ilusiona cada día. Seguir trabajando —que sé que hay mucho trabajo para sacarlo—, pero es lo que me motiva. Trabajar a diario para sacar ese fondo que puedo sacar. He hecho cosas en el campo, a puerta cerrada, que no he sacado todavía en la plaza. Eso es lo que persigo. Ojalá que la temporada que viene se me pueda seguir viendo la evolución. Eso es lo bonito, no verte techo.
P: Haciendo ahora una panorámica general, ¿cómo percibes el mundo del toro? Sus defectos, sus virtudes…
R: Hemos hablado a lo largo de la entrevista de que soy un torero joven, pero, a la vez, van pasando los años. Debuté en 2011 y llevó prácticamente 15 años en la profesión. Me ha dado tiempo a ver distintos momentos en la tauromaquia. Hoy en día, creo que pasa por un momento positivo. Se ve más gente joven que nunca en los tendidos, creo que es algo muy positivo porque son el futuro de la fiesta. Cuando ves a gente joven en los tendidos, quiere decir que la tauromaquia interesa y tiene futuro. Hoy en día, podemos decir que la tauromaquia tiene futuro y goza de buena salud.
P: ¿Cómo definirías tu toreo? ¿Qué es lo que pretendes para llegar a los tendidos?
R: Me cuesta mucho definirme como torero. Voy buscando, en la evolución, el emocionarme yo para emocionar al tendido. Es una de las cosas necesarias que, a lo largo de mi carrera, a veces, he pecado de no creérmelo lo suficiente. Y, al final, el torero también es un artista. Y, como artista, también te tienes que dejar llevar por los sentimientos y si no te emocionas tú —o no te lo crees tú—, va a ser imposible que el espectador lo haga. Me gusta el toreo de verdad, el toreo puro. No soy capaz de creerme algo que no he hecho bien —aunque a veces vaya en mi contra—. Me gusta quedarme en la línea de hacer las cosas con verdad y con pureza.
P: Huelva es una gran abanderada del mundo del toro. ¿Qué papel juegan, en este caso, las ganaderías en un torero como tú?
R: Las ganaderías han sido algo muy importantes a lo largo de toda mi carrera. Vivir en una zona de muchas ganaderías también me ha permitido esa evolución. A la cabeza, por supuesto, las de mi pueblo. Cuadri y Millares me han abierto las puertas desde que era novillero sin picadores y todas las demás de la provincia. Es una suerte. Aunque también me gusta hacerme kilómetros de tentadero, la mayoría las centro en la provincia de Huelva y tengo mucha suerte en ese sentido. Todos los ganaderos —no los puedo nombrar porque me dejaría algunos atrás— de la provincia de Huelva me han abierto las puertas de su casa desde mis inicios.
P: Desde tus inicios también has tenido público de tu pueblo allá por donde has ido. ¿Te sientes orgulloso del público que tienes y de abanderar el nombre de Trigueros por todos sitios?
R: Por supuesto. Son de las cosas bonitas que puedo sentir. Es un privilegio y es una motivación más el hecho de ver a personas cercanas —porque en el pueblo nos conocemos casi todos—, ver ese cariño con el que me reciben todas las tardes. Allá por donde vaya veo gente de Trigueros, y eso me ilusiona, me motiva y me hace sacar lo mejor de mí. Porque son personas que hacen muchos kilómetros montados en un autobús y dedican tiempo y dinero para seguirme. Tengo que estar a la altura, y por eso digo que es una motivación y una responsabilidad. Pero, sobre todo, me quedo con el cariño. A lo largo de mi carrera, en los altibajos que haya podido tener, siempre han estado ahí. Eso me ha servido para sacar lo mejor de mí, para tirar hacia adelante y para seguir con la ilusión intacta.
P: Por último, ¿cómo afrontas la temporada? ¿Cuándo empiezas a trabajar?
R: No me gusta parar. Desde ya estoy trabajando. No he dejado de entrenar ni un solo día; de coger los chimes y entrar a matar en el carro… No sé hacer otra cosa, entonces no paro. Vivo por y para el toro. Sino no sabría qué hacer. Me gusta cuidarme físicamente, no dejo de ir al gimnasio, de entrenar, de hacer deporte, de torear de salón, de torear en el campo… Si es cierto que lo toreros vivimos mucho entre fecha y fecha y, ahora, al no tener una fecha que te marque, estás más tranquilo. Aunque en el día a día, sigo entrenando como si fuera a torear mañana, me gusta estar activo. La próxima temporada la afronto con ilusión. Todas las temporadas se empieza de cero. Lo pasado es pasado. Pero con la ilusión intacta y renovada. Espero que, poco a poco, se me vaya haciendo un hueco en algunas ferias. Yo sigo centrado en continuar trabajando en la misma línea y con la ilusión de estar en Sevilla y Madrid. Y ojalá siga dando motivos para ir abriendo puertas de otras ferias.