Javier González: "La inmunoterapia oncológica ha venido para quedarse"

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photo_camera Francisco Javier González Vaz en el Congreso de AACR en Nueva Orleans

Desde muy joven, Javier González Vaz (Lepe, 26) sintió una tremenda curiosidad por la investigación del cáncer. Con 18 años ya asistía a congresos especializados, donde conocería a grandes investigadores referentes en el estudio de la oncología. A día de hoy, se encuentra a pocos meses de culminar su etapa doctoral sobre la inmunología oncológica, un área a la que ha dedicado cuatro años de estudio y de la que ha obtenido evidencias científicas muy relevantes en la cura del cáncer.

Pero la investigación es una carrera de fondo. Tras la presentación de su tesis, comenzará su etapa postdoctoral, “en la que maduras profesionalmente y ves lo capaz que eres de investigar.” Entre los destinos estaban Boston, Nueva York o California; pero se ha decantado por la última porque es la que más se parece a nuestro país y “al calorcito del sur”. Viajará solo. Aunque lleva la maleta llena de objetivos que tendrán como meta final regresar a Andalucía para liderar su propio grupo de investigación.

Te has especializado en la inmunología oncológica. ¿De qué se trata?

Para introducir la inmunoterapia, primero hay que introducir el cáncer. El cáncer es una célula cuyo crecimiento se descontrola de repente y deja de hacer su función. Para que genere ese crecimiento descontrolado, tiene que pasar tres barreras. La primera es que haya fallos genéticos que provoquen que la célula empiece a crecer más de lo que debería. El segundo es que una vez que sea suficientemente grande, sea capaz de crear nuevos vasos sanguíneos para que lo nutran. Y la tercera es que el sistema inmune nuestro se haya vuelto invisible. En este contexto, la inmunoterapia intenta romper esos mecanismos que el tumor está utilizando para ser invisible al sistema inmune.

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La inmunoterapia ayuda entonces a nuestro organismo a reconocer el tumor o, también, a acelerar la función del sistema inmune. Así, la inmunoterapia tiene dos vertientes diferentes: “quitar el freno o pisar el acelerador”; y en ambas vertientes está teniendo resultados muy buenos.

¿Desde cuándo estás desarrollando tu tesis doctoral y qué te motivó?

La inicié en septiembre 2019 y ahora en octubre la defiendo y termino todo el proceso de ser doctor por inmunología.

A mí la investigación me viene como una motivación personal desde los 13 ó 14 años, sobre todo en el ámbito de oncología, que me llevó desde los 18 años a ir a Congresos de cáncer y conocer a ciertos investigadores. El doctorado nace entonces de seguir la estela académica para llegar a ser investigador principal de un grupo, que es mi objetivo.

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¿Sobre qué va tu tesis doctoral?

Mi tesis se ha basado en tres pilares. Principalmente se basa en esa reactivación del sistema inmune contra el tumor, y una de las proteínas que mejor lo hace se llama CD137 ó 4-1BB. También ha sido el estudio tanto de biomarcadores para esa terapia, como su relación con otra terapia avanzada de tipo agonista (de acelerar el sistema inmune); y la tercera, cómo actúan las moléculas cuando se activan por esa proteína.

Has publicado ya en varias revistas científicas. ¿Es eso lo normal?

No lo es. Cuando haces una tesis doctoral lo normal es hacer una única publicación al final de la tesis. En mi caso tengo tres publicaciones experimentales; ha sido una tesis densa, pero hemos dado con evidencias muy importantes en este mundo. Estoy muy contento.

¿Qué ocurre después de la tesis?

Ahora cuando la termine comenzaré mi estancia de postdoctorado, unos cuatro años en mi caso. Es la etapa en la que maduras profesionalmente y ves lo capaz que eres de investigar. Esta estancia la voy a realizar en Los Ángeles (EE.UU.) y va a seguir mucho la estela de mi tesis doctoral en el ámbito de inmunoterapia y la oncología.

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Javier hará su etapa postdoctoral en el grupo de investigación de Cristina Puig, dentro del laboratorio del reconocido investigador Antoni Ribas

¿Cómo surge la propuesta de irte a investigar a EE.UU.?

Hay un investigador catalán, Antoni Ribas, que se fue a EE.UU. y se ha convertido en un investigador muy importante en el tema de la inmunoterapia, e incluso ha estado nominado al Premio Nobel. Lo conocí en un congreso y me puse en contacto con él para saber si podía encajar en su laboratorio en EE.UU. Su laboratorio tiene grandes ramificaciones y, dentro de una de ellas, está el grupo de Cristina Puig, que es con quien hice directamente las entrevistas y presenté mi tesis doctoral a todo el grupo para que me dieran su aprobación. Les gusté y me aceptaron. Y ahora estoy en el proceso de gestionar el visado.

¿De qué hitos de tu carrera estás más orgulloso?

Me gusta destacar el artículo científico de una proteína soluble que se está utilizando en ensayos clínicos como biomarcador de la terapia, cuando antes no había ninguno. Ha sido el primer biomarcador de este tipo de terapia agonista de la historia. Ya se ve cómo el biomarcador puede ayudar mucho en saber si el paciente está repondiendo o no a la terapia y, en caso que no, tener tiempo de cambiar a otra terapia.

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Javier González en su exposición sobre el artículo científico de la proteína soluble en la AACR de Nueva Orleans (2022)

Has expuesto eviencias científicas en el Congreso de cáncer de Nueva Orleans en 2022. ¿Cómo fue la experiencia?

Fue una experiencia inolvidable y de una magnitud académica y personal muy grande. El congreso se llama AACR (American Association for Cancer Research), y es el congreso de cáncer más grande del mundo, en el que asistieron 35000 profesionales e investigadores. Se acercó mucha más gente de la que yo creía y mi exposición tuvo mucha aceptación (empresas con un agonista basado en esta proteína puedieron ver que un biomarcador les puede beneficiar). También fue ahí donde conocí al investigador español Antoni Ribas.

¿Cómo crees que evolucionará la investigación del cáncer en los próximos años?

Parece que la inmunoterapia oncológica ha venido para quedarse. Está abriendo un campo que se estaba ignorando que era el sistema inmune dentro del cáncer, y que está siendo muy efectivo. Aunque también tiene sus fallas y va a tener que completarse con estudios metabolómicos y nutricionales del paciente, que a día de hoy no se está teniendo en cuenta.

También los estudios epigenéticos, que es la huella génica que tiene cada célula en cada momento. Es como la física cuántica dentro del cáncer.

Y, en general, como método, el medio que más significancia está obteniendo es el sistema de mRNA, que hemos visto su potencial en la misma vacuna del COVID de Pfizer y de Moderna y, que de hecho, cuenta con resultados muy halagüeños.

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