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Cuenta Raúl que cuando Miguel Bosé vino por primera vez al Club era un niño de 18 años recién cumplidos. Pelo largo, sonrisa magnética, mirada expresiva y un porte esbelto que no le pasó desapercibido ni al empresario: "Mira que a mí me cuesta reconocer cuando un hombre es guapo, pero Miguel Bosé era de los hombres guapos".
El artista, llegó al club en Agosto trayendo consigo una amplia orquesta compuesta por músicos que venían de todos los puntos del globo. Mientras montaban el escenario, los músicos se dirigían a él en italiano, en francés, en alemán, en inglés… "¡Y él respondía en todos los idiomas!". Una cultura y educación que dejó boquiabierto a Raúl, que los observaba con atención desde la sombra de un árbol a unos 50 metros del escenario.
Aunque Miguel Bosé le soprendería de nuevo más tarde.
Cuando se terminó de montar el escenario para la actuación de aquella noche, el cantante pidió a Raúl que llamara un taxi para darse una vuelta y descansar antes de la actuación. Sin dudarlo, Raúl le ofreció que se llevara su propio coche, un Chrysler automático -de los primeros de Lepe- que estaba aparcado en la misma puerta del club.
Miguel Bosé accedió, y se llevó el coche durante unas horas. Pero cuando Raúl vio la manera de montarse y de arrancarlo, sospechó que su ofrecimiento no había sido una gran idea.
La intuición no le engañó: "Cuando volvió con el coche, tenía un gran bollo."
¿Qué pasó realmente? Solo Miguel Bosé lo sabe. Raúl no le pidió ninguna explicación y actuó como si nada, "porque no quería que El Club Raúl fuera noticia por eso". Y Miguel Bosé -aprovechando su dominio con los idiomas-, se hizo el sueco: "Él tampoco dijo nada".

