Hace un año, el 28 de noviembre, Gobierno y Junta firmaban el conocido como Acuerdo por Doñana, un documento con medidas y actuaciones en materia medioambiental y socioeconómica para apuntalar la conservación del espacio natural y el desarrollo sostenible de su área de influencia.
De este modo, se ponía fin a dos años de mucho ruido en torno al futuro del espacio y ello suponía la retirada de la proposición de ley presentada en el Parlamento de Andalucía para regularizar los regadíos de la Corona Norte de Doñana.
Ambas administraciones se comprometían a una inversión de 1.434 millones de euros para el marco 2023-2027 -de los que 706 los aportaba el Gobierno central y los 728 restantes la Junta de Andalucía-.
Como suele pasar en estos casos, los firmantes coinciden en que la ejecución del acuerdo avanza a buen ritmo, pero los agricultores y los ecologistas no opinan lo mismo. Ni mucho menos.
Los agricultores se quejan de que no saben cuándo y cómo recibirán las ayudas prometidas y algunos piensan que lo ideal sería volver al "punto cero", es decir, recuperar la proposición no de ley que fue retirada.
Por otro lado, grupos como WWF y Ecologistas en Acción han pedido pasar “del papel a la realidad” en la conservación de Doñana y desarrollar de manera urgente las medidas contempladas en el acuerdo tendentes a recuperar la situación hídrica del espacio natural, como la recuperación del Guadiamar o llevar agua desde Mazagón a Matalascañas.
Gobierno y Junta hacen bien en aumentar a 66 el número de pozos ilegales precintados como medida cautelar y en lograr que desciendan a 704 las hectáreas en presunción de ilegalidad en la Corona Norte, unas noventa menos que en la primavera del año pasado. Y en implementar la teledetección con inteligencia artificial.
Ha pasado un año y los agricultores no saben qué pasa con sus ayudas.
La protección medioambiental de Doñana hay que garantizarla, pero también el desarrollo socioeconómico de una zona en la que la agricultura genera cada año miles y miles de empleos.
En la comarca de Doñana sus habitantes están acostumbrados, desde hace tiempo, a que los políticos prometan mucho y hagan poco. Y esta situación, lamentablemente, parece que es un nuevo ejemplo de ello.