Hasta hace dos días, Juan Espadas se empeñaba en anunciar que quería seguir al frente del PSOE-A porque tenía un proyecto ilusionante. Y ese ha sido quizás su error: no darse cuenta de que su proyecto hace tiempo -si es que alguna vez lo fue- dejó de ilusionar.
Tanto los suyos como quienes le han venido criticando un día sí y el otro también coinciden en pocas cosas pero una de ellas es que el exalcalde de Sevilla tiene una capacidad de trabajo envidiable. Pero no entusiasma. Ni a la militancia ni a la ciudadanía. Y esto es un problema.
Además, ha encadenado derrotas electorales consecutivas que han hecho que el partido, en uno de sus 'feudos' tradicionales, haya tocado fondo.
Pero es que, para colmo, Espadas no ha sabido, no ha podido o no ha querido lograr que cicatricen las heridas abiertas en el partido tras las primarias de 2021 cuando se enfrentó a Susana Díaz y Luis Ángel Hierro, logrando ser la opción más votada, con un 55% del escrutinio.
Entonces, el PSOE-A, tal y como lamenta la propia Susana Díaz, dejó de ser un partido habitable y muchos de sus votos, prestados, pero votos al fin y al cabo han ido a parar al PP, que ha logrado una mayoría absoluta tan holgada en la Junta que hace unos años era inimaginable.
Con la más que probable vuelta de María Jesús Montero a la política andaluza, con la misión encomendada por Pedro Sánchez de reflotar el partido, Espadas dará un paso al lado y muy probablemente dejará con el tiempo la primera línea. Es una incógnita si correrá la misma suerte que su antecesora en el cargo.
Pese a que no hace demasiado tiempo Espadas fue ungido por el propio Sánchez para liderar el PSOE en Andalucía, éste ha cambiado de opinión porque sabe que o reflota el partido en esta tierra o disminuyen sus posibilidades de seguir en Moncloa.
Por todo ello, los críticos del partido en Huelva apuestan por Montero para la etapa que el PSOE-A iniciará con su congreso regional del próximo mes de febrero. Cierto es que nunca llueve a gusto de todos, pero salvo algunas opiniones personales de algún que otro militante, el sector crítico considera que la todavía vicepresidenta primera del Gobierno reúne todos los ingredientes para plantar cara a Juanma Moreno y, poco a poco, recuperar ese granero de votos y de poder que un día -y durante varias décadas- tuvo el partido del puño y la rosa en la comunidad más poblada del país.