La aplastante victoria del bloque de la derecha el 21D en Extremadura, tradicional feudo del PSOE, pone de manifiesto entre otras muchas cosas que aquello de las ideologías ya pasó a la historia, que el personal está muy cabreado con todo lo que está pasando en la política nacional y con la falta de oportunidades, especialmente para los más jóvenes.
A la popular María Guardiola le ha salido el tiro por la culata, creyó que adelantando las elecciones tras su fracaso o incapacidad para sacar adelante la legislatura iba a solucionar su situación y ha sacado prácticamente los mismos resultados.
Y además, ha permitido que Vox, formación que ha sido en la práctica la triunfadora de la noche, duplique sus resultados.
A buen seguro que muchos de quienes han votado al partido de Santiago Abascal antes apoyaban en las urnas al PP o incluso al PSOE. Porque esto ya no va de derecha o izquierda, esto va de que el personal, insisto, está cansado y desengañado, de nuestros políticos. Y necesita soluciones más que problemas.
Por eso, el PSOE sobre todo debería hacérselo mirar. Y ahora no vale decir que Miguel Ángel Gallardo era mal candidato. Eso ya se sabía.
Y por supuesto que Pedro Sánchez tiene su gran parte de responsabilidad en todo este descalabro, pero no lo va a reconocer. De hecho, en su comparecencia de hoy para anunciar a Elma Saiz como sustituta de Pilar Alegría no ha dicho ni mú de las elecciones extremeñas.
Algunos analistas apuntan que los resultados del 21D también a decir que ya las mayorías absolutas se acabaron. Y que esto mismo se va a repetir en Aragón y Andalucía. Veremos.
El futuro, en efecto, ya no es lo que era.