A dos menores no se les ocurrió otra cosa que quemar el pelo en repetidas ocasiones a un hombre sintecho. Por pura diversión. Mientras reían, grabaron y difundieron las imágenes de sus vejaciones.
El indigente, sentado en un banco, permaneció inmóvil mientras uno de ellos, además, se hacía pasar por agente de Policía. “Diez segundos, por ese lado... Más todavía, déjeselo”, le dicen mientras uno le acerca un encendedor al pelo, que empieza arder.
El hombre no tarda en soltar un alarido al sentir que estos 'angelitos' lo están quemando.
Ahora, identificados los autores de la agresión, ambos se enfrentan a la comisión de varios delitos graves. Tienen 17 años, son del pueblo, y ojalá y se les aplique la Ley del Menor y, como decía el clásico, todo el peso de la ley caiga sobre ellos.
Mientras tanto, el hombre vejado ha sido identificado pero no localizado. Al parecer, y al menos por el momento, se le ha perdido el rastro. Nada se sabe de este trotamundos al que las crónicas definen como culto, educado e instruido.
Este hombre tuvo un desengaño amoroso, cayó en el alcohol, y después vinieron los problemas mentales.
Ahora, a duras penas puede sobrevivir con la paguita que recibe. David, que así se llama, podría ser cualquiera de nosotros, incluidos los padres de estos sujetos, en cualquier momento de la vida.