La Magna Mariana que celebra este sábado Huelva está poniendo de manifiesto muchas cosas.
Ya sabíamos que vivimos en una tierra eminentemente mariana, que cuida e incluso mima sus tradiciones, una de ellas la religiosa. Y la Magna ha venido a recordarlo en grande, como también se hacen muchas cosas aquí.
Pero hay otro aspecto que no es menos importante. Si hubo alguna vez un momento en el que había cierta desconexión o distanciamiento entre la capital y la provincia, este acontecimiento ha venido a solucionar ese problema.
Las 24 vírgenes que procesionarán por las calles de la ciudad llegan en muchos casos de municipios tan lejanos como Alájar (Reina de los Ángeles), Puebla de Guzmán (Virgen de la Peña) o Chucena (Virgen de la Estrella) y, salvo algunas dudas iniciales por parte de algunas hermandades, todas han creído oportuno y necesario estar en esta Magna.
Y baste recordar el ejemplo que han dado Moguer, Palos o Lepe por citar algunos ejemplos.
El traslado de la Virgen de Montemayor hizo que Moguer y Huelva se fundiesen en un abrazo. Y lo mismo sucedió con la llegada de la Virgen de los Milagros, a la que Palos arropó de forma multitudinaria. O Lepe, que se volcó en la capital, con motivo de la llegada de la Bella.
Al igual que, quien procesiona realmente este sábado en la vieja Onuba, es María (Virgen solo hay una, el resto son advocaciones), este histórico sábado 20 de septiembre solo habrá una Huelva.
Capital y provincia se fusionarán en un solo territorio mariano y esto, qué duda cabe, servirá también para una mayor cohesión y para convencernos de que -cuando queremos. podemos organizar iniciativas grandiosas.
Escribía en sus redes el concejal de Cultura onubense Nacho Molina que quizás no estemos siendo conscientes de la importancia de esta jornada. Y puede que así sea, pero como casi todo en la vida, el tiempo nos lo dirá.
Mientras tanto, aportemos todos lo mejor de nosotros en esta jornada para que, en efecto, este 20 de septiembre sea una jornada inolvidable.