Sánchez es un crack. En un tono victimista, triste, y convenientemente maquillado, esta tarde ha comparecido para decir que pide perdón tras conocerse el informe de la UCO en el que se señala a su hombre de máxima confianza, Santos Cerdán, por el cobro de comisiones ilegales de obras públicas.
Dice que asume responsabilidades pero se limita a pedir perdón y poco más pese a haber visto caer a sus dos más estrechos colaboradores.
Es decir, no se someterá a moción de confianza ni habrá crisis de gobierno ni adelantará elecciones. Como mucho, una reestructuración del partido.
El presidente asegura que la legislatura seguirá hasta 2027 y, por supuesto, deja claro que seguirá en Moncloa. A estas alturas, y pese a lo que ha caído en los últimos años, nadie espera que dimita.
En cualquier país civilizado por mucho menos de todo lo que le ha pasado a Sánchez ya el presidente del Gobierno habría dimitido. Pero esto es España.
El también secretario general dice que hasta esta mañana tenía plena confianza en su secretario de Organización pero cuesta creer que Sánchez no supiera nada de los tejemanejes, sobre todo después de lo que se está descubriendo el anterior número tres del partido y ex ministro, José Luis Ábalos.