Aitor Esteban, el sanchismo te echa de menos

Aitor Esteban. Fuente:RTVE
photo_camera Aitor Esteban. Fuente:RTVE

Con la renuncia de Aitor Esteban a su escaño en el Congreso de los Diputados, se cierra una etapa de más de veinte años de uno de los rostros más visibles del nacionalismo vasco en Madrid. Diputado del PNV desde 2004 y portavoz parlamentario desde 2012, Esteban abandona el hemiciclo para asumir la presidencia del Euzkadi Buru Batzar, el máximo órgano de dirección de su partido. Su marcha no solo marca un cambio de etapa en el PNV, sino que también invita a repasar una trayectoria destacada en la forma, pero discutible en el fondo.

Esteban se ganó el respeto de aliados y adversarios como uno de los mejores oradores del Congreso. Manejó el lenguaje con precisión quirúrgica, ironía contenida y con alguna que otra sobreactuación parlamentaria de cuño autóctono. Sin embargo, bajo ese estilo refinado y sereno se escondía una calculadora infalible, la del político que siempre supo arrimarse al sol que más calienta.

Uno de los episodios más reveladores de esa estrategia fue su papel en la moción de censura de 2018. Solo unos días antes de votar para desalojar a Mariano Rajoy del poder, Esteban y su grupo habían aprobado los Presupuestos Generales del Estado del PP tras arduas negociaciones. Lo que se vendió como una muestra de responsabilidad institucional terminó pareciendo una jugada oportunista que dejó a Rajoy sin suelo político. Esa decisión levantó ampollas incluso entre quienes simpatizan con la política pactista del PNV. Como escribió Sabino Arana: Un pueblo que no tiene dignidad no merece respeto. Y aquel movimiento, para muchos, fue cualquier cosa menos digno.

No se puede hablar de este político vasco sin recordar la ya mítica escena del Aitor, el del tractor. Durante una intervención parlamentaria, Rajoy, en una de sus célebres agudezas, lo llamó así, arrancando carcajadas y lo convirtió en trending topic a nivel nacional. Lejos de incomodarle, el diputado lo rentabilizó con su habitual sorna, sacándole brillo a la anécdota.

Mi compañero en el Congreso, el diputado vasco Carmelo Barrio, ha dicho que el PNV es corresponsable de un gobierno central improductivo y acorralado por la corrupción. A lo largo de los años, el nuevo presidente del partido que fundara el de Abando y a través de las apologías foralistas y aspectos mitológicos vascos, ha sido un actor clave en el juego de mayorías del Congreso. Lo fue con el PP y lo ha sido con el PSOE. Hasta sus últimos días como diputado mantuvo una estrecha alianza con Pedro Sánchez, una alianza que rozó la complicidad, pese a que el Gobierno socialista le ha dado, más de una vez, razones de peso para retirarle el apoyo. En esta guisa están incumplimientos, cesiones a EH Bildu, e incluso desaires institucionales. Y, sin embargo, ahí continuó apuntalando una legislatura que se ha tambaleado desde el principio.

En la literatura del escritor Miguel de Unamuno —vasco también, pero con unas connotaciones muy especiales— está más que reflejado: El progreso consiste en el cambio, pero no todo cambio es progreso. Y en el caso de Esteban, no pocos se preguntan si ese constante cambio de alianzas ha sido realmente progreso o simple supervivencia política.

Los aplausos con que la bancada de izquierda lo ha despedido en reiteradas ocasiones, también pudiera ser un motivo de alivio. Así lo dijo Cervantes en el Quijote: tanta paz llevas como descanso dejas. Ahora que cambia el escaño por el despacho de Sabin Etxea, deja tras de sí un legado agridulce. Admirado por su oratoria, criticado por su pragmatismo extremo; un político que supo hablar bien, pero no siempre obrar en consecuencia. El tractor ya está aparcado; ahora queda ver si, en su tierra, sabrá conducir sin depender del motor de otros.

Manuel García Félix

Diputado Nacional en el Congreso por la provincia de Huelva

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