Greguería

Lo único parecido entre una greguería y una Ley de Amnistía, es que rima en asonante. O bueno, a lo mejor tiene alguna similitud si lo analizamos con profundidad y nos adentramos en el invento literario de Ramón Gómez de la Serna. A saber, si entendemos este recurso prosaico de una manera metafórica o como un aliciente de humor que nos lleva a una visión sorprendente de la realidad que estamos viviendo en nuestro país, podremos hacer, entonces, una atribución directa entre la greguería y la amnistía, no solo poética sino además socio-política.

Hemos vivido un pleno aciago, esta vez en el Senado por encontrarse de reforma el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo, en el que hemos comprobado in situ la debilidad de un Gobierno, dirigido por un mando a distancia desde Waterloo, que ni tiene coalición, ni para nada progresista y mucho menos con estabilidad. Unos decretos presentados por el partido que se fundara en Casa labra, y ya no le quede nada de los principios de sus inicios ni tampoco de la Transición, que vienen a enmascarar una serie de concesiones que de nuevo, se le otorga a los independentistas y supone entre otras cosas la entrega de la gestión en materia de inmigración. Con lo que se ha levantado otro muro, esta vez no de fábrica de ladrillo y mortero, sino de hormigón armado y mucho más alto, de esta manera nos ha convertido a todos en extranjeros. No lo sabemos con exactitud, pero entre una cosa y otra, puede haber supuesto estas prebendas y generosidades de Pedro Sánchez más diez mil millones de euros. Pero que más da mil millones arriba o mil millones abajo, como dice la Ministra de Hacienda.

La enmienda a la totalidad a la Ley de Amnistía que mi partido presentó a la propuesta socialista, decayó por falta de apoyos. Una auténtica pena, un perfecto despropósito, un absoluto improperio. Por lo tanto, sigue adelante la desigualdad entre los españoles, el desequilibrio de los territorios que forman la unidad de nuestro país y la ruptura del Estado de derecho. Por lo que sigue su curso de un sitio a otro, Congreso, Senado y así hacia adelante. Esta Ley es como la falsa monea, que de mano en mano va…

Como podemos comprobar, una auténtica greguería. Porque el presidente del Gobierno, o del supuesto Ejecutivo, ha resucitado la figura del insigne Ramón, primero, porque lo nombró un día desde un atril sin entender porqué lo hacía y sin saber quién era, creo que ni lo sospechaba. Y segundo, porque ha rescatado el universo literario que él creó y le ha vuelto a dar vida a las greguerías, con este modo tan lleno de aforismos tan metafórico y tan surrealista de hacer política.

Hoy cobra existencia de nuevo el Café y Botillería Pombo de la calle Carretas. El que dejara inmortalizado Solana en el lienzo que está en el Reina Sofía. Y Gómez de la Serna nos habla con su voz grave y decidida en su tertulia de literatos. Y nos lanza al viento estas agudas frases que se asemejan a esta irrealidad que estamos viviendo desde un impresionismo emocional, lleno de supersticiones y movimientos maquiavélicos.

El escritor de la Generación del Catorce hablaba de pie entre los contertulios y cazaba greguerías como mariposas dentro de la genialidad de su dicción. Así lo hacía: el acento es la vacuna de la palabra, al presidente del Gobierno le sobra la realidad y es su propio antídoto. Es un convencido de que decir cosas con sentido, no tiene sentido. Dice algo y luego lo contrario. Estamos sumidos en el caos. Ahí va otra: cuando bostezamos frente al espejo, nos tragamos a nosotros mismos, a él nada le importa, sobre todo con una visión del mundo en donde el ego lo absorbe. No admite patrones externos que puedan influir en su decisión, excepto si viene del lado independentista. O esta última: El cuatro es la silla de los números, esta le viene como el aceite a las espinacas, porque su silla de Moncloa que no se la toque nadie, vamos a la nada y nada podemos esperar de él, excepto su poltrona.

Ese humorismo metafórico en el que ha convertido Pedro Sánchez a la política española, nos está pasando una factura muy alta con un precio muy caro. Es como decía Rafael Florez del autor de las greguerías pero aplicado al inquilino de la Moncloa: Ramón de Ramones, entre erratas y ratones. Pues eso...

 

Manuel García Félix

Alcalde de La Palma del Condado

Diputado del PP en las Cortes Generales por la provincia de Huelva

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